Como invertir nuestros ahorros en tiempos de crisis


Artículo publicado en Cuaderno de Finanzas el 28 de octubre de 2014

 

Los tipos de interés por los suelos, las bolsas sufriendo batacazos (uno tras otro)… ¿Qué hacer con esos ahorros que hemos ido acumulando con tanto sacrificio? ¿Dónde invertirlos? Vamos a ver primero qué no se debe hacer, y luego qué es lo que podemos hacer con ellos.

Lo que NO debemos hacer con nuestros ahorros

No hay que hacer ningún caso de lo que nos diga el director de nuestro banco (o ese empleado que parece tan ‘apañao’). Los empleados de banco obedecen órdenes, y pretenden colocar los productos financieros que interesan a la entidad. Recuerda el asunto de las ‘preferentes’.

Si lo recuerdas, por cierto, tendrás claro que nunca debemos invertir nuestro dinero en un producto financiero cuyo funcionamiento no comprendamos perfectamente. ¡Vamos a lo sencillo y seguro!

Dejar tu dinero en una cuenta o depósito a plazo sólo puede ser interesante si el tipo de interés que te pagan está por encima de la tasa de inflación. En caso contrario perderás dinero (y perderlo sabiendo de antemano que lo vas a perder es una solemne tontería). Incluso en el caso de que te paguen un interés que supere la inflación, deberías plantearte si no hay opciones más rentables y de similar seguridad. Y si, después de considerar todas las opciones, estás decidido a invertir en un ‘plazo fijo’, compara las ofertas existentes en el mercado. Puede que al final te quedes con la de tu banco, pero que sea porque no has encontrado nada mejor.

¿Invertir directamente en bolsa? Si el dinero que tienes ahorrado es un dinero extra, que nunca vas realmente a necesitar, puedes invertirlo en bolsa sin problemas. También puedes ‘invertirlo’ en lotería o en apuestas deportivas. ¡Diviértete!

Pero si el dinero no te sobra y si nunca anteriormente has invertido en bolsa, no creo que en una época de incertidumbre como la actual te debas lanzar a la piscina. Lo más probable es que lo pagues caro (aunque también te podría ir bién, por supuesto).

Para las inversiones en deuda pública (letras, bonos u obligaciones de Tesoro, etc.) puede decirse lo mismo que para los ‘plazos fijos’ bancarios: compara la rentabilidad ofrecida con la tasa de inflación. Y no pienses que se trata de inversiones 100% seguras: recuerda que, históricamente, los Estados no siempre han pagado sus deudas.

Para las inversiones en deuda privada (obligaciones de empresas, etc.)… está claro que hay que aplicar el mismo baremo. ¡Y ten cuidado con las posibles insolvencias!

Lo que SÍ podemos hacer con nuestros ahorros

A largo plazo, los valores de renta variable (las acciones) generan más rentabilidad que los de renta fija (obligaciones y bonos). Este es un hecho histórico. Si no queremos invertir directamente en bolsa… ¿tenemos que renunciar a esa rentabilidad? La respuesta es no, porque podemos hacerlo a través de fondos de inversión.

Veamos algunas de las ventajas de la inversión en fondos:

  1. Los fondos nos permiten diversificar nuestra inversión, con lo que disminuye muchísimo el riesgo (ya conoces la regla que dice que “no hay que colocar todos los huevos en la misma cesta”). Inviertiendo en fondos no estamos comprando un único valor, o un reducido número de ellos. Estamos comprando una o varias amplias cestas compuestas por valores de las características que hayamos elegido.
  2. La inversión mediante fondos nos permite acceder a mercados que de otra forma serían inaccesibles para nosotros: podemos colocar nuestro dinero en empresas radicadas en cualquier lugar del mundo y pertenecientes a cualquier sector, podemos elegir si invertimos en empresas grandes o en empresas pequeñas y medianas, etc.
  3. Podemos realizar todo lo anterior aunque el dinero de que dispongamos sea muy escaso.
  4. Y, por último, podremos traspasar nuestro dinero de un fondo a otro sin tributar por las ganancias acumuladas. No tendremos que declarar nuestras ganancias en el Impuesto sobre la Renta hasta que solicitemos el reembolso de nuestras participaciones, cosa que, por otro lado, puede hacerse en cualquier momento.

Bien, pues ya sabemos que podemos invertir en acciones una parte de nuestros ahorros. Pero la volatilidad de los valores de renta variable es  muy superior a la de los valores de renta fija (es decir, que las fluctuaciones de los primeros, tanto hacia arriba como hacia abajo, son mucho mayores que las de los segundos). Por eso nos conviene invertir una parte de nuestro dinero en renta variable (para obtener con él la mayor rentabilidad posible a largo plazo) y otra parte en renta fija (para evitar que, si tenemos que recuperar a corto plazo una parte de la inversión, nos veamos forzados a asumir las pérdidas que nos causaría un eventual derrumbe de las bolsas). La inversión en renta fija también podemos realizarla a través de fondos de inversión.

¿Y cómo repartimos nuestra cartera entre renta variable y renta fija? Hay una vieja regla que voy a comentar a continuación. Partiendo de la idea de que tu mayor interés cuando eres joven está en hacer crecer sus ahorros (aún asumiendo riesgos) y cuando llegas a viejo en minimizar la posibilidad de sufrir fuertes pérdidas, que quizá no podrías recuperar, puedes aplicar la siguiente fórmula:

El tanto por ciento de renta variable que debe tener tu cartera se calcula restándole a 100 tu edad actual.

Si tienes 30 años (¡quién los pillara!), 100 – 30 = 70. Luego deberías invertir un 70% de tus ahorros en renta variable. Y, por supuesto, el 30% restante en renta fija.
Cuando cumplas los 55, 100 – 55 = 45. Luego la proporción de tu cartera debería ser 45% en renta variable y 55% en renta fija.

¿Y cómo elegimos los fondos en que invertir?

El error más común es, de nuevo, hacer lo que nos aconsejan en el banco. Los bancos tienen sus propios fondos de inversión, así que con toda seguridad serán esos los que te recomienden (en la mayoría de los casos, además, son lo únicos que comercializan). Pero… ¿todos los fondos son iguales? Está claro que no. A título de ejemplo, voy a transcribir algunos datos de rentabilidad tomados en el momento de escribir estas líneas. Compararé las rentabilidades acumuladas a 3 años de varios fondos de renta variable española gestionados por importantes entidades españolas y extranjeras:BBVA Bolsa… 8,97%
Santander RV… 6,05%
Caixabank Bolsa… 5,92%
Aviva Espabolsa… 11,92%
Fidelity Iberia… 15,23%

Los datos del ejemplo los he tomado de Morningstar, la conocida firma de análisis de fondos de inversión radicada en Chicago. Podemos utilizar la web de Morningstar para elegir los fondos en que vamos a invertir nuestro dinero. O, al menos, para conocer el comportamiento que ha tenido ese fondo en el que pensamos invertirlo. Como es sabido, Morningstar pone nota a los fondos, asignándoles de una a cinco estrellas, lo que nos facilita una referencia rápida. Los tres fondos nacionales del ejemplo, por cierto, tienen al día de hoy sólo dos estrellas; es decir, suspenden.

Si no queremos limitarnos a elegir únicamente entre los fondos gestionados por nuestro banco, tendremos que acudir a otros canales de comercialización. Hace tiempo escribí una entrada acerca de los supermercados de fondos, llamados así porque ofrecen una gran diversidad de productos de un número considerable de gestoras. Con ellos tenemos la posibilidad de acceder, desde una única cuenta, a una amplia oferta de fondos nacionales e internacionales.

Personalmente, de entre los supermercados de fondos con los que he tenido contacto me quedo con fondotop, de Renta4. Ofrece una gama bastante amplia de fondos (fundamentalmente internacionales, ya que su oferta de fondos nacionales se limita a los gestionados por Renta4; esa es, por cierto, la única pega importante que puedo ponerle). Por supuesto, la operativa se realiza por internet. Y, mientras uno opere sólo con fondos (y no con ETFs), no tendrá que pagar comisiones de ningún tipo.

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