El PSOE en su cortijo: Benalmádena como ejemplo


Benalmádena, situada en el corazón de la Costa del Sol, entre Torremolinos y Fuengirola, podría presentarse como el paradigma de la especulación urbanística desaforada y la corrupción política que ha padecido España en los últimos decenios. Es el municipio cuyo amplio término municipal se urbanizó casi totalmente, de manera absolutamente desordenada, bajo el mandato de Enrique Bolín, el último alcalde franquista que luego lo fue de AP y que, cuando fue expulsado del partido en 1989, tras ser detenido en Gibraltar por posesión de cocaína en compañía de varios menores, fundó un grupo independiente para recuperar la vara de mando. Hasta 2007 no fue definitivamente desalojado de la alcaldía, que en los años siguientes se repartirían PP y PSOE, siempre en alianza inestable con grupos independientes cuya única finalidad, al parecer, era saquear las arcas municipales.

A finales de 2014, la alcaldesa del PP, que había obtenido el cargo en 2012, desbancando al PSOE mediante una moción de censura acordada con el grupo independiente encabezado por Francisco Salido (que cambió de bando), rompe con éste señor, implicado en varios escándalos de corrupción, quedando en minoría en el ayuntamiento.

Así se llega a las elecciones del 24 de mayo de 2015, en las que gana el PP, pero sin mayoría absoluta. Tras él queda el PSOE, y el resto de las concejalías se las reparten Ciudadanos, Costa del Sol Sí Puede (candidatura respaldada por Podemos), IU y varios grupos independientes. Quien logra la alcaldía es el PSOE, aliado con IU e independientes y tras pactar con Ciudadanos y Costa del Sol Sí Puede, que facilitan la investidura sin entrar en el equipo de gobierno.

El escándalo surge cuando, el 30 de junio, se hace público que los tres ediles de la formación naranja y los dos del partido respaldado por Podemos, cuyos apoyos, como dije, resultaron fundamentales en la investidura del alcalde socialista, van a recibir 44.559 euros anuales cada uno (la misma cifra que reciben los concejales de gobierno), lejos de los 12.209 euros que recibirán los demás concejales sin dedicación exclusiva. En declaraciones realizadas al diario SUR, el alcalde justifica esas remuneraciones por «la necesidad de garantizar la estabilidad política de los próximos cuatro años y de blindarme con un pacto» frente a una posible moción de censura. Y lo dice así, sin ningún pudor. Ve como normal utilizar el dinero público para blindarse en el cargo. Ve como normal sobornar con dinero de los contribuyentes a sus adversarios políticos para que no presenten una moción de censura contra él, independientemente de cuáles sean los aciertos o errores de su gestión. Y que conste que el término sobornar no es exagerado: es el que corresponde en este caso. Según la RAE, sobornar es corromper a alguien con dádivas para conseguir de él algo. En este caso, lo que se pretende conseguir de esos concejales es que no cumplan con la función de oposición para la que fueron elegidos por los ciudadanos, que incluye la presentación de mociones de censura si fuere necesario.

Con ser grave este hecho, más grave aún sería que en el PSOE nadie hubiera tirado de las orejas a Víctor Navas, el flamante nuevo alcalde de Benalmádena, porque eso significaría que el modo de pensar de este señor sigue siendo el modo de pensar colectivo del partido de los EREs y del fraude en los cursos de formación. Y, que yo sepa, nadie le ha tirado de las orejas, porque esa, la de Víctor Navas, es la forma en que el PSOE administra su cortijo: Andalucía. El tema de las remuneraciones especiales que recibirán algunos concejales de la oposición va a ser revisado, pero no por iniciativa del PSOE, sino porque los ediles de Ciudadanos, tras las críticas recibidas, han declarado que renunciarán a la dedicación exclusiva. No así, los de Costa del Sol Sí Puede, que argumentan que la labor que, pese a estar en la oposición, se les ha encomendado en el organigrama (la creación de un portal de transparencia y la puesta en marcha de una oficina de rescate ciudadano y de un calendario de actividades culturales) les «impide realizar otro trabajo y requiere exclusividad». Si ellos lo dicen… Pero  la actitud de los partidos de la oposición tendría que ser tema de otra entrada. Quizá la escriba más adelante. Ahora toca esperar y ver en qué acaba todo esto.


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