El dilema de Ciudadanos: sumar puede restar


Ciudadanos en las encuestasEl rápido ascenso de Ciudadanos en las encuestas puede, paradójicamente, poner al partido de Albert Rivera contra las cuerdas. Las causas de ese sorprendente ascenso, que en unos meses ha revolucionado el panorama político español, coinciden con las que han propulsado a Podemos, la otra novedad en el naciente tablero político “a cuatro”: la percepción por la ciudadanía de que nuestra clase política es en realidad una “élite extractiva”, una casta que no trabaja por el bien común sino por sus propios intereses; la percepción de que también el poder judicial está contaminado (hecho evidente cuando los partidos eligen a los miembros del Tribunal Constitucional y a los del Consejo General del Poder Judicial), de modo que los políticos corruptos gozan de impunidad; y la percepción de que el problema no puede ser resuelto por los mismos que lo han creado. El ascenso de Ciudadanos se basa en que es percibido como un partido nuevo, limpio, sin mochilas y con deseos de regenerar la democracia y acabar con la impunidad de las “élites extractivas”. Así se percibía también a Podemos, que ha empezado a sufrir descensos en sus expectativas de voto desde que los medios se han dedicado machaconamente a airear sus casos de corrupción, sea esta real o supuesta (asuntos Monedero, Errejón, etc.).

El dilema de Ciudadanos

El rápido ascenso de C’s inevitablemente atrae y atraerá a su entorno a “personas que están pensando en su proyecto personal, no en el de Ciudadanos” (para decirlo con las palabras recogidas por El Confidencial de una fuente próxima a Juan Cassà, candidato por Málaga). A personas que “se quieren pasar de listos” y “montar su chiringuito”. A personas que ven la oportunidad de integrarse en las “élites extractivas” a través de C’s. Es inevitable que esto ocurra. El dilema de Ciudadanos es el siguiente: puede abrir las puertas a todo el mundo, sin tener en cuenta su pasado político, su posible relación con casos de corrupción, etc., con el argumento de que “hay que sumar”, o puede dejar fuera a los que, por su trayectoria política anterior y su implicación en corruptelas, van a servir de munición contra C’s a unos medios y unas redes sociales en los que hasta ahora, haciendo caso omiso de UPyD, sólo se acusa al partido de Rivera de derechista (“marca blanca del PP”) desde la izquierda y de “catalán” desde la derecha, poca cosa para frenar su ascenso.

Sumar puede restar

Si se toma la primera vía y empiezan a aparecer en los medios noticias de afiliados a C’s implicados en casos de corrupción, el panorama cambiará radicalmente. La ciudadanía dejará de ver a Ciudadanos como un partido limpio, capaz de regenerar la democracia, y empezará a verlo como un partido más. Dejará de ser considerado como la alternativa que puede cambiar (para bien) el país. Y España, en manos de PP y PSOE, o en manos de PP, PSOE y Podemos, habrá perdido una nueva oportunidad de subirse al tren del progreso. Por eso digo que sumar puede restar.

 


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Una idea sobre “El dilema de Ciudadanos: sumar puede restar

  • Paco Lozano Autor

    Seis meses después, la esperanza que una parte de la sociedad española había depositado en Ciudadanos se ha evaporado. Efectivamente, el partido ha atraído a sus filas a miles de oportunistas, muchos de ellos con pasados poco edificantes en otras formaciones políticas. Pero la cuestión central ha resultado ser que la cúpula del partido, funcionando como guardia pretoriana en torno a Albert Rivera, no ha permitido que se desarrolle en él la democracia interna. En C’s todo va de arriba abajo: políticas, consignas, candidaturas, nombramientos… C’s es Rivera.
    Los oportunistas, los que se afiliaron al partido buscando su interés particular, lo tienen fácil: sólo tienen que repetir las palabras del líder y las consignas oficiales, y nunca expresar una opinión política personal. Basta con mirar las cuentas de Twitter de muchos miembros del partido, prominentes o no, para entender lo que quiero decir. Saben que mientras coreen, aplaudan y paguen la cuota, las cosas les irán bien, y sus oportunidades de “trepar” permanecerán intactas. Entre los demás, entre los afiliados de buena voluntad que entraron en C’s con la intención de colaborar en la regeneración democrática del país, proliferan las solicitudes de baja. ¿Cuánta gente se ha dado de baja en C’s Andalucía después de que la dirección de esta formación, sin tener en cuenta la opinión de los afiliados, posibilitara la investidura de la candidata del PSOE de los EREs, el fraude de los cursos de formación, etc.? Nunca lo sabremos. Pero muchos. Y lo mismo ha ocurrido en otros puntos de la geografía española, desde Galicia a la Comunidad Valenciana y desde Madrid a Cataluña, por razones siempre relacionadas con la falta de democracia interna de la formación naranja.
    Y todo esto se percibe desde fuera del partido, y hace éste que caiga en las encuestas de intención de voto. Ciudadanos ya no representa una esperanza de regeneración democrática. En Cataluña sigue encarnando la oposición al nacionalismo, pero, fuera de allí, ¿por qué votarles?