Benalmádena: la “nueva” vieja política en acción


En una entrada anterior, que titulé El PSOE en su cortijo: Benalmádena como ejemplo, comenté la noticia, aparecida en la prensa el 30 de junio, de que los tres ediles de Ciudadanos y los dos de Costa del Sol Sí Puede (Podemos), cuyos apoyos resultaron fundamentales para la investidura del alcalde socialista de Benalmádena, iban a recibir 44.559 euros anuales cada uno, la misma cifra que los concejales de gobierno y lejos de los 12.209 euros que recibirían los demás concejales sin dedicación exclusiva. Y ¿por qué esa generosidad del equipo del PSOE (eso sí, a costa del dinero público)? Según declaró el propio alcalde, con ese acuerdo pretendía blindarse frente a una posible moción de censura. Es decir, se trataba de un soborno en toda regla pagado con fondos municipales: cobrarás un montón de pasta a cambio de dejarme hacer durante los próximos cuatro años.

Cuando el tema salió a la luz, con el consiguiente escándalo, los concejales de C’s (no así los de Podemos) declararon que renunciarían a la dedicación exclusiva. El organigrama, por lo tanto, tendría que ser revisado. Pero como nadie tenía verdadero interés en la revisión (salvo la ciudadanía, claro, pero esa solo cuenta en período electoral y las elecciones ya habían pasado) no podía extrañarnos que, más de mes y medio después, las cosas siguieran igual.

Y así estábamos hasta hace tres días, esperando la revisión que no llegaba y hasta echando de ello la culpa al alcalde y a la “vieja política” del PSOE, que en Andalucía, como es sabido, considera lo público como propio. Y entonces estalló la bomba, aunque haya sido una bomba de escasa potencia (ha tenido un eco casi nulo en los medios, centrados en estos momentos dos grandes casos de corrupción: los casos Púnica y Rato). La bomba ha sido la publicación, en un diario provincial, de la existencia de un pacto secreto de investidura que incluiría la incorporación de los concejales de Ciudadanos al equipo de gobierno después de las elecciones generales, así como la atribución a CSSP de tres delegaciones especiales, a cubrir por sus dos concejales y un cargo de confianza, todas ellas remuneradas con dedicación exclusiva. Esa, al parecer, era la “nueva política”. Esa la “regeneración democrática”. Esa la transparencia. Repartir a espuertas dinero público para comprar voluntades, previo acuerdo secreto.

Parece que en el Consejo Ciudadano de Podemos de Benalmádena existe cierto malestar, y que hay quienes han denunciado que la dirección de la formación morada haya permitido el incumplimiento del código ético y los reglamentos de Podemos por los dos concejales y el cargo de confianza de CSSP.  En cuanto al otro partido implicado en el asunto, Ciudadanos, es difícil saber si a sus afiliados les ha parecido correcta o no la actitud de los ediles de su formación. Eso suponiendo que hayan leído los periódicos y se hayan enterado de ella, porque, salvo los que sean de la absoluta confianza del “coordinador” y hayan estado desde el principio en el ajo, probablemente tengan la misma (nula) información que el resto de la ciudadanía. ¡Ay, el déficit democrático de los partidos, qué cruz!

En los tres días que han pasado desde que salió a la luz, los implicados en el supuesto “pacto secreto” han tenido tiempo de sobra para desmentirlo o explicarlo. No lo han hecho, así que podemos suponer que es cierto. Y que no resulta fácil de explicar. Más fácil en el caso de CSSP, salvo por el tema de los emolumentos, y menos en el de Ciudadanos, porque la “política de pactos” anunciada a bombo y platillo por la formación naranja era la de apoyar a la formación más votada y no entrar en el gobierno si no ganaban las elecciones. Esta política, de dudosa eficacia para promover la “regeneración democrática”, que les llevó a apoyar la formación de gobiernos por el PP de la Púnica en Madrid y por el PSOE de los ERE’s en Andalucía, no se aplicó en Benalmádena, donde dieron de lado a la formación más votada (el PP) y apoyaron la formación de un gobierno multipartito. Y donde, si lo ahora revelado es cierto, pactaron la entrada en el gobierno. Eso sí, en diferido y ocultándoselo a la opinión pública, para no enajenarse la voluntad de posibles votantes en las generales. Todo muy “nueva política”. ¿O no?


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